Agua y barro en Villa El Libertador: vecino reclama el asfalto, o al menos, nivelación “con cero veinte”

Hugo Chávez es un vecino de Villa El Libertador. Vive en Pasaje Público, al costado del Centro de Salud municipal 41.

Desde hace más de treinta años, los vecinos de este sector viven entre el agua y el barro. Cuando llueve, aun levemente, la calle es un charco. O más gráfico: un chiquero. Así, es inevitable sentirse animales viviendo allí. 

En el momento de la nota con Hugo, una madre con un cochecito, recién salida del dispensario, no sabe por dónde encarar frente a la cantidad de agua acumulada. Al final, opta por lo más parecido a una vereda, también poceada y desnivelada. 

El reclamo de fondo del vecino es, obviamente, el asfalto de las calles. No son muchas, pero es una obra necesaria. Reiteramos: allí funciona el centro de salud municipal, con todo el tráfico que eso significa, de peatones y vehículos. 

Pero como sabe que el hit oficial -es decir, la excusa gubernamental- hoy es: “No hay plata”, entonces pide mínimamente el regreso de las máquinas para nivelar y emparejar los pasajes. 

“A Las Tablitas (se refiere al asentamiento de calle Defensa) le asfaltaron todo y a nosotros, que hace más de treinta años vivimos acá, seguimos esperando”, dice para establecer una comparación que cree justa. 

“Acá, los días de lluvia, no se puede circular”, cuenta. “Directamente, los remis no entran, por la inseguridad, pero además por los enormes pozos que hay”, agrega.  

En las últimas horas, llovió levemente y las calles están así: intransitables.

Hugo vive en el sector comprendido entre calles Defensa, Chiclayo y Pilcomayo. Es el barrio cooperativo Emanuel. 

Cuenta su periplo ante organismos estatales para formular su reclamo. 

“Fui dos o tres veces al Concejo Deliberante, allí me dieron un número de teléfono de un concejal, lo llamé y no me atendieron más”, puntualiza. 

Luego recurrió a la exdirectora del CPC 6, Stella Bustos Fierro. “Me cansé de ir pero nunca me atendió”, detalla. 

En cuanto a la nueva dirección del Centro de Participación, apunta: “Ahora me atienden y me dicen que ellos hicieron todas las gestiones, pero el problema es que no hay presupuesto para cero veinte”.  

Estima en dos meses el tiempo en que estuvieron las máquinas nivelando el terreno la última vez. “Pero ese día se quedaron sin gasoil y no volvieron más”, señala. 

Por lo tanto, espera que vuelvan pronto y que tomen la precaución de “echar cero veinte” para mantener firme las calles. De lo contrario, dice que se volverán a inundar y tornar intransitables cada vez que llueve. 

El “cero veinte” es un hormigón de tamaño máximo de árido 20 mm.

 

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