La era del postkirchnerismo
(Mario Albera) Primera lección harto repetida pero que vale la pena aprender de una vez: nunca hay que dar por perdido al peronismo en una elección por más adversa que sean sus chances. Por algo es la fuerza política que gobernó más años en la historia política argentina.
El peronismo, en el Estado, es una maquinaria electoral que avanza como una topadora, por su inserción en el territorio y en la epidermis social. Hay que reconocer ya, a esta altura, que hay un ADN peronista inoculado en instituciones sindicales, empresarias, eclesiásticas, etcétera. Ya lo postuló el General hace 70 años: “Peronistas somos todos”.
La mayoría de las encuestadoras mencionadas en este medio pronosticaban un balotaje entre Sergio Massa y Javier Milei, pero solo tres sondeos vaticinaron un triunfo del oficialista. Se trata de la brasileña Atlas Intel, que en su última medición publicada en exclusiva en PERFIL el 13 de octubre revelaba que Sergio Massa tendría un 30,9% de los votos, mientras que Javier Milei 26,5% y Patricia Bullrich 24,4%. Si bien los números de los primeros dos candidatos fueron superiores, la diferencia fue casi exacta.
Otras dos consultoras que también predijeron una victoria del ministro de Economía por sobre el diputado de La Libertad Avanza, garantizando una segunda vuelta, aunque por mucha menos diferencia que la que arrojaron los comicios de este domingo, fueron CB Consultora, que envió su última encuesta el jueves 19 de octubre, en donde pronosticaba una victoria del candidato de Unión por la Patria pero por una diferencia de 33% a 31,8% por sobre el candidato liberal/libertario. Y la otra es Proyección Consultores, que pronosticó en su sondeo distribuido el 20 de octubre una victoria de Massa con 33,6% de los votos por sobre un 32,8% de Milei.
Esto no opaca el factor sorpresa logrado por Massa ni relativiza su triunfo, pero había indicios claros de que esto podía suceder. Muchos no la vieron venir, y otros no quisieron verla venir: actuaron con cinismo y prepotencia.
Nueva era
Gane quien gane el balotaje el 19 de noviembre marcará el comienzo de un nuevo tiempo político en Argentina que será postkirchnerista.
Si gana Milei será por obvias razones. En su discurso tras el resultado, afirmó que “el kirchnerismo “fue lo peor que le pasó a la Argentina” y “lo más nefasto que dio la democracia moderna”. Milei abandona así la vieja grieta contra la casta política y el que se vayan todos, para retomar la grieta de Juntos por el Cambio de construir como enemigo al kirchnerismo.
Massa anticipó dos cosas importantes en su discurso. Que si es electo presidente comienza en diciembre “una nueva etapa política” y sentenció la muerte de la grieta alimentada durante veinte años entre el kirchnerismo y el macrismo. El tigrense convocó a los radicales a “un gobierno de unidad nacional” a partir del 10 de diciembre, sintiéndose ganador.
Es conocido el salto camaleónico de Massa que pasó de denunciar la corrupción K y fundar un partido propio a sumarse en el 2019 al cuarto gobierno de la doctora. Pero es cierto también que el tigrense nunca se consideró ni autopostuló como un soldado de Cristina de Kirchner. De hecho, la vicepresidenta había bendecido como precandidato a presidente a Wado De Pedro y Alberto Fernández a Daniel Scioli. Cristina hasta lo llamó “fullero” (tramposo). Astuto, Massa logró bajar ambas candidaturas y unificar a todo el gobierno y al peronismo detrás de su candidatura. Ya en campaña, no logró reconocer al gobierno como propio. “Yo solo tomé el fierro caliente” de la economía que dejaron los ministros de Alberto Fernández, dice en su defensa.
Massa logró reiventarse en este tiempo y tuvo la habilidad (se nota el buen asesoramiento) de “deskirchnerizar” su candidatura. Anoche, en el escenario triunfal, solo estuvo su familia. Ni Alberto, ni Cristina, ni Máximo Kirchner aparecieron en la escena. Hubiera sido una foto en sepia que repele a electores independientes. El tigrense está interpretando “una nueva canción”, que había postulado Axel Kicillof -el otro gran ganador de la jornada- para dejar atrás el cansino relato de Néstor y Cristina. Por más que en bastiones del conurbano bonaerense La Cámpora sigue teniendo una inserción territorial favorable para la causa.
¿Es la economía o no?
Muchos pensamos, erróneamente, que la inflación y el dólar incendiario sentenciarían las chances de Massa, por más que contempláramos su ingreso al balotaje. Aunque no de esta manera, ganando por más de seis puntos. Acertó el Turco Asís al llamarlo “el milagroso”.
¿Esto derriba el mito de que las elecciones se ganan con el bolsillo? Relativamente. Al fin de cuentas, Massa le puso dinero en el bolsillo a la gente a través del otorgamiento de bonos para jubilados, monotributistas, beneficiarios de planes sociales, asalariados; la eliminación del impuesto a las Ganancias para los salarios más altos; y el reintegro del IVA para las compras en general. Es decir, hizo lo que mejor sabe hacer el peronismo: potenciar el consumo en una sociedad pauperizada que normalizó la imposibilidad de ahorrar y planificar su futuro. La gente celebra la expansión del gasto público aun sabiendo que luego se licúa por inflación.
Es harto sabido también que el voto tiene más motivaciones emocionales que racionales. Y aquí entra el peronismo como sentimiento, como religión redentora de los pobres. La religión, basada en la fe, descree de las evidencias; la inflación y el aumento de la pobreza son erróneamente percibidos como fenómenos inevitables. Y quién mejor para administrarlos que un movimiento que promete la cristiana justicia social en un marco de una atroz desigualdad social. La corrupción se naturaliza; al fin y al cabo, todos son Insaurralde o Chocolate Rigau.
El miedo
Y el miedo hizo lo suyo. A diferencia de las Paso, donde el votante expresó su bronca contra la casta política votándolo a Milei, esta vez prevaleció la cautela entre los votantes y no le brindaron la victoria en primera vuelta esperada por el comando libertario.
Es cierto que el massismo llevó adelante una campaña del miedo orillando la campaña sucia, pero montada sobre las barbaridades y propuestas formuladas por La Libertad Avanza que, en rigor de verdad, no disipan los temores en la población. Es dudoso que la legitimación de la libre portación de armas, la eliminación de la educación sexual integral en las escuelas, el presunto arancelamiento de la educación pública, la restricción a la gratuidad de la salud pública (el acceso a los métodos anticonceptivos, por ejemplo), el desprecio por las minorías sexuales, más que hacer libres a la gente, podrían empeorar su situación ya esclavizante. Además de plantear discusiones que atrasan. “No venimos a recortar derechos, sino a quitar privilegios”, enfatiza Milei, pero no pareciera ser muy persuasivo.
Luego, las propuestas de dolarización y la eliminación del Banco Central, por inaplicables en otros países como planteó Schiaretti, dan lugar a la fantasía y a la incertidumbre. Es ilusorio pensar en tener dólares en los bolsillos cuando estos escasean en el país. Al menos que estemos ante la presencia de magos de las finanzas. Para The Economist, Milei es solo un “académico excéntrico”.
Balotaje
Ahora cada uno hará su juego para captar al votante opositor e independiente. El 12 de noviembre será un momento cumbre porque habrá debate entre los dos postulantes y el entrenamiento atildado de Massa demostrado en los otros debates, asoma como un competidor de fuste.
Massa ya hizo un llamado a los radicales, despreciados por Milei, e integrantes de Juntos por el Cambio para sumarlos a un gobierno de unidad nacional si es presidente electo. También envió mensajes a la izquierdista Bregman y al peronista no aliado, Schiaretti.
Milei se muestra ahora menos tajante y conciliador: “Estoy dispuesto a hacer tabula rasa, barajar y dar de nuevo, con el objetivo de terminar con el kirchnerismo”, enviándole un mensaje a Juntos por el Cambio. Sobre todo al PRO, y a Mauricio Macri, quien se descuenta se pronunciará por el libertario. Ya lo hizo anoche Bullrich, pese a ser insultada por Milei: “Nunca vamos a ser cómplices del populismo y de las mafias”, dijo en respaldo al libertario.
“El Gringo” Schiaretti no se pronunció a favor de ninguno y felicitó a ambos por igual. Por ahora, juega al misterio.
En síntesis, el 36 por ciento votó a Massa y el 64 por ciento por un cambio. Pero la mitad rehusó dar un “salto al vacío” hacia filas libertarias. Massa capitalizó la división del voto opositor y aventajó a Milei por 1,8 millones de votos.
Por suerte, la política no es matemática y los votos no son fácilmente trasladables. Por lo que el final sigue abierto. Y será apasionante.

