A un carnicero de Santa Isabel le rompieron el bazo a patadas y fue encerrado en la cámara de frío para robarle

Horacio Marcelo Albezzano fue sorprendido de la peor forma la mañana del 5 de noviembre pasado.

A las 8.25 de ese día, llegó a su carnicería de Alto del Tala y Piedra Pintada, en barrio Santa Isabel II Sección, y luego de retirar la puerta de la persiana metálica fue sorprendido en el interior del negocio por dos malvivientes armados.

“Me tiraron boca abajo en el piso y como no encontraban plata, me agarraron a patadas y me reventaron el bazo. Me tuvieron que operar de urgencias en el Príncipe de Asturias. Tuve nueve días en terapia”, relata el comerciante a La Décima.

“Lo único que había eran 8 mil pesos en una riñonera para pagar el alquiler de mi casa. Se llevaron eso, una caja registradora y la balanza eléctrica”, detalla Albezzano, que estos días volvió al local solo por unas horas porque debe hacer reposo por tres meses.

Es que le hicieron un tajo de más de veinte centímetros en la panza para salvarle el bazo, que es un órgano del sistema linfático que sirve para combatir las infecciones y mantiene el equilibrio de los líquidos del cuerpo, según Wikipedia.

“El que iba armado estaba calmo, pero el otro estaba sacado y es el que me pegaba patadas y decía: Pégale un cañazo… Es que a esa hora de la mañana no había plata”, rememora.

 

Antes de escapar, lo encerraron en una de las cámaras de frío que trabaron malamente. El carnicero pudo abrirle de un empujón y salvarse de morir congelado a 30 grados bajo cero.

Lleva cuatro años en el negocio y esta es la primera vez que le roban. De forma violenta.

Los sujetos arrancaron y se llevaron el disco duro de la cámara de vigilancia para evitar ser identificados. No obstante, una cámara exterior grabó su ingreso y salida del local. Iban encapuchados y con gorra, y afuera los esperaba un tercero a bordo de un Fiat Uno de color blanco.

El comerciante dijo que aportará el video a la justicia para la investigación.

Horacio dice que luego del robo toma la precaución de no abrir el negocio en soledad. “No se abre hasta que no estén todos”, explica.

Y sobre la Policía, dice que “se ve presencia policial, yendo y viniendo, pero ellos (por los delincuentes) esperan el momento en que no pase nada para sorprenderte”.

El comerciante destacó la “muy buena atencion” recibida en el hospital Príncipe de Asturias, donde fue operado y curado.

 

 

 

De la Redaccion

Periodista

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