Comenzó la temporada de pesca

(Mario Albera) Hablaremos de números redondos. 

En la elección general de este domingo, se escrutaron 26,8 millones válidos: 26,2 millones afirmativos (97%) y 554 mil, en blanco (2%) Y votaron 27 millones (casi 78%) de los 34,8 millones de votos escrutados. Los habilitados suman 35,4 millones. 

Ahora, a los bifes. 

Sergio Massa (Unión por la Patria) cosechó 9,6 millones de votos (casi 37%) Es el voto a la continuidad de lo conocido. Para algunos, será también un voto con perspectiva de cambio entendiendo que Massa también se ofrece como distinto al kirchnerismo ortodoxo. Pero es voto oficialista al fin. 

Por lo tanto, el voto reunido por el resto de los cuatro candidatos que compitieron en el comicio, es voto opositor. En total, Javier Milei, Patricia Bullrich, Juan Schiaretti y Myriam Bregman, reúnen 16,5 millones de votos. 

Entre los dos finalistas que irán a una segunda vuelta (balotaje) el 19 de noviembre hay una diferencia de 1,8 millones de votos. Con la salvedad de que Massa creció en alrededor de 3 millones de votos y Milei se estancó respecto a las Paso. 

Pero ahora se inicia una nueva historia. 

La misma noche del domingo, comenzó la temporada de pesca de votos de los principales contendientes.

Massa les tiró mensajes amistosos a Bregman, Schiaretti y a los radicales, y prometió conformar un “gobierno de unidad nacional” si es elegido presidente. Se recuesta también en la liga de gobernadores peronistas y su maquinaria clientelar. 

Milei bajó un cambio en su intransigencia, habló de hacer “tabula rasa” (significa “pizarra en blanco”, volver a escribir una nueva historia) y le mandó mensajes conciliadores a Juntos por el Cambio. Ni lerdo ni perezoso hizo un acuerdo con Mauricio Macri, con quien coqueteó en toda la elección, y posibilitó que Patricia Bullrich le brindara su respaldo en conferencia de prensa. Esto puso al borde de la ruptura a la principal coalición opositora del país con Rodríguez Larreta, los gobernadores de JxC, el radicalismo y la Coalición Cívica declarándose neutrales. ¿Pero no eran el cambio?

Preguntas: ¿cuánto le importa a la gente el pensamiento o cambios de opinión de los dirigentes y sus acuerdos de cúpula a la hora de votar? ¿Acaso los candidatos son los dueños de esos votos? ¿Que 16,5 millones de votos hayan expresado su disconformismo con el gobierno, significa que todos sean transferibles automáticamente a la oposición, o sea a Milei?

Reiteramos: la política, por suerte, no es una ciencia matemática, sino el arte de lo posible. Tan posible que un candidato como Massa que prometía meter en cana al kirchernismo terminó aliado a Cristina y Máximo Kirchner. Y tan posible que un candidato como Milei que calificó de “tira bombas y montonera” a Bullrich termine aliado con ella en pos del bien superior de ganar la elección. 

Empezaron a aparecer los primeros sondeos intentando dilucidar la tendencia de los votos de cara al balotaje. Pero es muy pronto para hacer pronósticos. Este país cambia en un día. 

Independientemente de lo que digan los políticos, será la gente, su conciencia y su sentimiento la que defina la batalla final. El dilema es sencillo: es cambio o continuidad. Por más que Massa pretenda mostrarse distinto a lo conocido (“La grieta ha muerto”, dijo en la noche triunfal) y por más que Milei se haya aliado con parte de lo que calificaba como “casta”. 

Massa la tiene más sencilla: con la plata del Estado de su lado, profundizará su “plan platita” para mitigar los efectos de la inflación. Milei la tiene que remar: deberá recrear una mística nueva, sepultar la motosierra y la dolarización, que atemorizan.  

Hay 16,5 millones de votos en juego. O incluso más, si algunos recalculan pensando que premiaron demasiado a un oficialismo que en el plano económico y social defeccionó. Y no hay que descartar que más argentinos asistan a votar. O que muchos lo hagan en blanco. 

En las Paso hubo un cisne negro: Milei. En las generales, el batacazo lo dio Massa. Veremos si el balotaje reserva lugar para otro cisne negro (entendiendo esto por sorpresa) O vencerá el status quo. 

 

 

 

 

 

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