Derecho al trabajo y a la protesta
Por Mario Albera.-
Cientos, miles, de trabajadores debieron ingeniérselas hoy para concurrir al lugar de trabajo ante la falta de transporte público provocada por el paro general.
No al extremo de Ezequiel, el joven padre de familia -dijo tener cuatro hijos- que caminó desde el centro de la ciudad hasta Alta Gracia para cumplir con su jornada laboral.
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La mayoría lo hizo a través de vehículos particulares (motos, biciletas, autos) o hizo una “vaquita” para viajar más barato en taxis o remis (de los legales y truchos)
Esto no debería pasar si al menos se garantizara servicio mínimo en algo tan esencial para la vida social y económica de la gente como lo es el transporte público.
Por lo tanto, quienes por convicción o necesidad necesitan trabajar no pueden ejercer ese derecho constitucional en libertad porque unos pocos, con mucho poder de fuego, deciden por ellos y corrompen la práctica de ese derecho.
Pero tampoco nos parece que sean unos perezosos, “vagos” o “planeros”, los que por convicción y aspiración de ganar mejor o no perder lo obtenido, se plegaron al paro y se ausentaron de los lugares de trabajo.
Fuera de las declaraciones altisonantes o trasnochada de soñar o desear la salida anticipada del gobierno nacional, hay condiciones objetivas para ejercer el derecho constitucional a la protesta porque el salario real (poder adquisitivo) volverá a caer ante el aumento inflacionario, generando menor consumo popular y suba de la pobreza. Lo admitió el propio presidente Macri recientemente.
El cómo se protesta (si con piquetes violentos o movilizaciones pacíficas) y quién decreta la protesta (sindicalistas enriquecidos y deslegitimados socialmente) es parte de la discusión, pero no es lo determinante.
Radio Mitre invitaba hoy a los oyentes a enviar selfies del lugar de trabajo y amenizaba la mañana con canciones reinvindicativas de la cultura del trabajo.
“Soy laburante y tiro pa’ adelante, lo que como me lo gano con el lomo”, se escuchaba cantar al ancestral Luis Aguilé.
Gestos como los de Ezequiel, y tantos otros laburantes, con ingresos misérrimos a la par de asalariados bien pagos y gremialistas enriquecidos, sin dudas conmueven.
Y está bien darle lugar a estas historias, pero no como argumento deslegitimador de los adherentes al paro. Por lo menos esa fue nuestra pretensión al reflejar hoy la nota.
El objetivo no fue mostrar eso para deslegitimar a los otros que sí adhirieron al paro. Porque entre los adherentes a la medida de fuerza también hay historias de seres anónimos que a diario se esfuerzan por progresar, tener un ingreso digno y parar o protestar cuando sienten una amenaza o un temor real a perder lo conseguido.
Se dice que el trabajo dignifica. Pero en la Argentina actual y dada la actual crisis, PODER COMER DIGNIFICA. Poder acceder a una canasta básica de alimentos cada vez más encarecida por el abuso de los formadores de precios y la mala praxis del gobierno.
Bienvenidos los que en el marco del paro resuelven trabajar por necesidad y convicción. Y lo mismo para los que deciden apoyar el paro para mantener viva la conciencia social y enviar un mensaje de preocupación y angustia por la marcha del país a nuestros representantes.
