El colegio Osvaldo León, uno de los primeros en volver a la presencialidad plena
“Me la jugué porque en esto descansa el futuro de los chicos de tener clases”, dice Ricardo Rigonatto, orgulloso de haber resuelto empezar antes que otros colegios con la presencialidad total en las aulas.
Mientras la mayoría de las escuelas provinciales volvieron a la presencialidad total este lunes 26 de setiembre, Osvaldo León ya venía trabajando hacía tres semanas con una sola burbuja por grado.
“Los chicos felices de volver a la escuela, verlos recorrer el patio mirando todo como si fuera extraño y reencontrándose con sus compañeros después de un año es como si se hubieran vuelto a conocer”, reseña Rigonatto sobre cómo el fue el regreso a las aulas sin burbuja. O mejor dicho: con el aula convertida en una sola burbuja. “Mucha alegría y felicidad”, agrega.

Rigonatto es el director de la escuela Osvaldo Jorge León, de barrio Cabildo, donde estudian más de quinientos alumnos. El director resalta que la escuela nunca dejó de tener clases ni siquiera cuando había más burbujas. Porque siempre hubo jornada extendida en artes, educación física e inglés. Sin que se superpusieran los horarios y los ingresos y egresos al colegio.
“Empezamos en febrero a través del programa Puente para recuperar a los chicos que no tuvieron conectividad el año pasado. Se logró recuperar a la mayoría, pero seguramente algunos tendrán que rendir ahora porque fue un año completo el que se perdió”, cuenta Rigonatto.
Revela que “en ese año virtual nos encontramos con sorpresa por ejemplo los maestros estaban convencidos de que las actividades las hacían los chicos cuando, en realidad, la hacían los padres. Así que tuvimos que empezar a construir de cero”. La brecha tecnológica entre los alumnos se sintió fuerte.
“Hay familias que pudieron trabajar más en el tema de apoyar a sus hijos y otros trabajaron menos. Y esas diferencias se marcan y por eso hay que reforzar más en algunos chicos”, apuntó Rigonatto.

El refuerzo consiste en el dictado de clases de apoyo escolar en el marco de las horas de jornada extendida. Particularmente para los alumnos de tercero y sexto grado. “Todo lo que se pueda conseguir para que los chicos puedan recuperar lo perdido lo estoy tratando de hacer”, dice el directivo, que al igual que en su paso por la escuela Marta Juana González creó una huerta en el patio de la escuela -y tiene pensado también montar un invernadero- para trabajar con los chicos.
“Todavía no pudimos volver con los deportes, como el fútbol, pero pensamos volver la semana que viene con el tema del izamiento de la bandera y de los actos. Estamos normalizando la escuela de a poco”, dice.
El comedor del Paicor también está funcionando, pero costó normalizar su funcionamiento con el tema de las burbujas. Los pedidos por más raciones demoran en implementarse y esto provoca atrasos. Pero la política de la dirección es que “nadie se quede sin comer”.
“Nunca vamos a tener las condiciones ideales, siempre falta algo pero hay que tener coraje y jugársela porque involucra el fracaso o futuro de los chicos”, afirma Rigonatto.
El tema de mantener las distancias en las aulas también es un desafío diario porque los niños no tienen pupitres particulares, entonces hay que hacer espacio para que no se junten en la mesa y así mantener la distancia de 90 centímetros que dispone la normativa.
En cuanto a la parte edilicia, la escuela no está exenta del accionar delictivo. “En vacaciones nos robaron tres veces”, detalla el director. “Faltan reponer tubos fluorescentes y la iluminación exterior, pero por ahora no autorizan la cooperadora para que la escuela pueda contar con algún dinero”, dice.

