El crimen de Silvia Apaza conmociona a la zona sur como el de Federico Agüero
El crimen de Silvia Apaza, ocurrido esta mañana en barrio Congreso, conmueve como el asesinato de Federico Agüero, en barrio Vicor, hace casi dos años atrás.
El móvil de ambos crímenes fue robo seguido de muerto, y ocurrieron en barrios contiguos de la zona sur de la ciudad.
Ambas muertes también se emparentan porque las víctimas eran personas jóvenes, trabajadoras, con ganas de progresar y con la vida por delante.
Silvia era una joven mujer de 30 años, madre dos niños menores, esposa y trabajadora de la limpieza. Federico era un joven de 27 años, murguero, tatuador, diseñador y solidario.
Agüero fue asesinado la madrugada del 7 de octubre del 2018 tras ser emboscado para robarle el teléfono celular y una billetera en la que solo tenía cinco pesos. Terminaba de bajar del colectivo y lo matan a tres cuadras de la casa de un fuerte golpe en la cabeza, en la esquina de Barbados y Nicaragua, en Vicor. Por el crimen fue condenado a 22 años de prisión, Agustín Olivares, de solo 19 años.
Silvia, por su parte, muere a doscientos metros de su casa al ser sorprendida por presuntos motochorros en Curazao y Río Pinto, cuando se dirigía a la parada de colectivo para ir a trabajar al Instituto Modelo de Cardiología. Según la Policía, le dispararon en la cabeza para robarle un bolso en el que no llevaba nada de valor porque el celular quedó en su poder.
El uso del transporte público une trágicamente a ambas muertes porque Federico es emboscado al bajar del colectivo y Silvia cuando se dirigía a la parada más próxima.
El esposo de Apaza relató que su mujer salió de su casa para ir en colectivo a trabajar porque el auto que se había comprado hacía dos meses estaba descompuesto y lo habían llevado a arreglar.
“Se fue en colectivo el domingo, lunes y martes”, porque el auto que se compró hace dos meses se le rompió, a la vez que contó que hace un año también le quisieron robar en la misma cuadra y que “ella no se resistía”.
“La mataron por nada, no puede ser que pase esto”, dijo el esposo de la víctima a los medios.
El crimen del murguero provocó entonces frecuentes marchas por reclamos de justicia y más seguridad para los barrios de la zona sur.
Desde entonces, no ha cambiado mucho, o casi nada, y un nuevo crimen reaviva viejos reclamos de más promesas incumplidas o no perdurables en el tiempo.
