“En el juicio lo consolaban más al asesino y a nosotras no nos dejaban llorar”
La familia Agüero no puede liberar la angustia acumulada y empezar a superar el duelo tras escuchar la pena aplicada al presunto asesino de Alejandro “Jetón” Agüero, el limpiavidrios de Villa El Libertador asesinado el 20 de enero pasado.
“Estuvimos la noche anterior sin dormir, enviándonos mensajes, por los nervios del juicio, y ahora que sabemos la pena que le dieron estamos más dolidas que antes”, dice María Agüero, intentando resumir el sentimiento de sus hermanas, Ivana y Rocío, que también la acompañan en la entrevista con La Décima.
Agüero murió la tarde del 20 de enero pasado por una puñalada en el tórax asestada por Nahuel Montoya con un “cuchillo de carnicero”. El Jetón murió por un “shock hipovolémico” (o hemorrágico) provocado por un corte en la aorta, la arteria más importante del organismo cuya función es mantenernos con vida.
“Viste que no te ibas a levantar más, gil”, lo insultó Montoya con Agüero descompensado en el asfalto tras sorprenderlo de atrás con la estocada final. Minutos antes, habían discutido cuando el Jetón le recriminó por robar los autos que custodian sus amigos “naranjitas”. “No te vengas a hacer el rata, acá”, le dijo, y ahí empezó todo. Hubo pelea, persecución, vidrios rotos y el final trágico.
Juicio y sentencia
Transcurridos ocho meses, el miércoles 26 de setiembre se llevó a cabo el juicio y se dictó la sentencia contra Montoya. “Ocho años y seis meses de prisión”, dispuso el juez de la Cámara Primera del Crimen, Mario Capdevila.
La fiscalía de la Cámara había pedido un año más, según cuentan las hermanas de la víctima, pero la pena fue la que fue.
“Esperábamos algo no menor a diez años, pero la vida de nuestro hermano no vale ocho años”, dice Ivana, la hermana mayor de ocho hermanos. “Alejandro era el segundo”, aporta.
La querellante era la mamá de Alejandro y no estaba de acuerdo con que el juicio fuera abreviado, un procedimiento usado para acelerar el proceso penal cuando la prueba es contundente.
Montoya reconoció el homicidio y durante el juicio se arrepintió y pidió disculpas. “Lloraba desconsoladamente y quería hablar, pero el abogado lo frenó varias veces porque se estaba incriminando más”, cuenta María.
En el juicio se presentó el resultado de un análisis de sangre y orina realizado a las doce horas del homicidio que confirmó la existencia de estupefacientes en el cuerpo de Montoya.
“El abogado quería hacerlo pasar como una víctima, cuando el muerto es nuestro hermano”, agrega Rocío.
“Es más: a mi hermano la Policía lo sacó de la sala porque lo vieron nervioso y ni siquiera nos permitían llorar, desahogarnos, cuando a Montoya había una oficial que le palmeaba la espalda cuando lloraba. ¡Es de locos!”, reflexiona María.
El tipo de trato también habla de una justicia selectiva: severa con las víctimas y complaciente con el victimario. Ese es el sentimiento de los familiares, en este caso.
La familia Agüero está convencida que la sentencia estaba “arreglada” antes del comienzo del juicio. Que si hubieran podido pagarle a un abogado particular quizá hubiese sido otra la historia.
“El tema del robo de la billetera no quisieron investigarlo, decían que nadie habló de la billetera, pero un testigo dijo que mi hermano le entrega la billetera antes de pelearse con Montoya”, cuenta Ivana. Tenían la esperanza de que a la figura de homicidio simple también le agregaran la de robo y Montoya sumara más años de prisión. “Ahora tiene otro juicio por otros delitos que acumula”, dijeron.

El recuerdo
“Alejandro era alegre, no te dabas cuenta si le pasaba algo porque siempre andaba de bueno humor”, coinciden las hermanas al describir al Jetón, quien era padre presente de cuatro menores y vivía con su pareja en el asentamiento Las Tablitas.
Diez años atrás, debió purgar una pena de cuatro años por un robo calificado, pero cuentan sus hermanas que el nacimiento de Ianella, una de sus hijas, “lo cambió para siempre”. “Vivía para su familia”, dicen.
El día que el cortejo fúnebre con sus restos llegó a Armada Argentina y Defensa (ámbito de trabajo), “todos aplaudían y gritaban: “Vamos Jetón”, fue impresionante cómo lo quería la gente”, cuenta María.

