La ley de ESI permite que se cuele material retrógrado en las aulas

La Voz del Interior reveló esta semana textos que se dieron a alumnos secundarios de las Escuelas Pías de Córdoba justificativos de la violencia machista o de género y de una supuesta superioridad del hombre sobre la mujer.

Los textos llegaron al diario por la inquietud de padres que no desean que sus hijos sean educados bajo estereotipos retrógrados y discriminatorios.

El material revelado por el diario plantea en uno de sus pasajes que el cuerpo del hombre tiene más fuerza y que, por tanto, “en ocasiones adopta inconscientemente un comportamiento violento debido, tal vez, a una vida física demasiado intensa, o puede ser producto de una exaltación repentina en la cual toda esa energía que contiene el cuerpo masculino debe tener un escape”.

En otro apartado, se diferencia la inteligencia del varón y de la mujer, y se describe que el varón “deduce, encadena, argumenta”, mientras que la mujer, ante una misma situación, “ha podido darle muchas vueltas al asunto en cuestión, quedándose con los detalles, los secundarios, en detrimento de lo más importante y esencial”.

Las autoridades de las Pías se atajaron diciendo que “el texto aludido no es un documento institucional”, sino “un material de trabajo escolar” sujeto a revisión. Es decir, admitieron su uso en las aulas.

La Voz del Interior presentó el caso como polémico al señalar que los contenidos revelados “van en contra del marco normativo” de la ley nacional 26.150 que creó el Programa Nacional de Educación Sexual ntegral (ESI)

La ley se sancionó hace 12 años y debía impartirse en todas las escuelas (públicas y privadas), pero sólo 2 de cada 10 alumnos la reciben o recibieron pese a que su artículo 1 sostiene que “todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral”.

Uno de los factores que impidió su aplicación en las escuelas fue la intervención de la Iglesia Católica y sus disidencias con la normativa.

“Entiéndase como educación sexual integral la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos”, define la ley.

Entre sus objetivos figura “prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular” y  “procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres”, según se lee en los incisos d y e del artículo 3.

El asunto es que el artículo 5 tiene una “rendija” que permite que contenidos violentos y retrógrados como el de las Pías (como el de otra escuela confesional o no) se cuelen en la enseñanza y contraríen el espíritu y la práctica que la ley busca consagrar en las aulas.

Dice el segundo párrafo del artículo 5 que “cada comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”.

Como “la ley permite a cada escuela dar ESI de acuerdo a su ideario”, y esto “depende de la voluntad y del sesgo ideológico o religioso de cada colegio”, pasa que “cada escuela hace más o menos lo que quiere”, dice Ricardo Roa, el editor de Clarín, en su columna “Nueva grieta entre verdes y celestes” publicada el sábado 6 de octubre.

El problema, plantea Roa, es que “el Estado no controla dónde y cómo se enseña”.

La ley obliga a las jurisdicciones (provincias) a hacer un “seguimiento y supervisión” de la aplicación de la ley, pero el ministerio de Educación de Córdoba tomó intervención y conocimiento de los textos polémicos cuando tomaron estado público por una publicación periodística.

Imagen: lavoz.com.ar

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