“Mamá, no voy a salir más a comprar a ningún lado”

Marcela Corvalán abrió las puertas con los ojos entreabiertos y cansados después del estrés atravesado en las últimas horas al ser alcanzada su hija, Camila Ligorria, de 11 años, por una bala perdida en el marco de un hecho de violencia urbana ocurrido la noche de ayer en Villa El Libertador.

Marcela Corvalán, mamá de la nena malherida.

La bala perforó el hueso de la pierna izquierda de Camila a la altura del tobillo, con orificio de entrada y salida. Esto pasó cuando ella y dos primitas fueron solas a comprar golosinas al kiosco despensa de la esquina por calle Popayán 5736. Lo hacen siempre, más en verano, cuando grandes y chicos salen a la calle para contrarrestar el calor hogareño.

Eran alrededor de las nueve de la noche, cuando desde la ventanilla abierta de un vehículo tronaron cinco disparos de arma de fuego. Dos de los disparos terminaron con la vida de Humberto Videla, de 64 años,  vecino de la cuadra y blanco del agresor. El otro disparo hirió a la nena. Y otro perforó un cesto de basura de metal de la cuadra, tal como lo muestra la imagen ilustrativa de la nota. 

“Yo escuché los disparos pero no me animé mucho a mirar hacia afuera por temor de recibir alguno”, apunta el dueño del comercio donde ocurrió el crimen. En el césped de la vereda quedó una inmensa mancha de la sangre perdida por la víctima.

El kiosco donde Camila fue a comprar y resultó herida.

Marcela, que acaba de atendernos en su casa de Popayán 5651, cuenta que su esposo Alejandro Ligorria, con quien tiene dos hijos más, fue quien trasladó urgentemente a Camila hasta el hospital Asturias para las primeras curaciones y que cuando llegó al nosocomio vio a su hija más calma de lo supuesto.

“Lo primero que me dice es que está bien, que no me preocupara, demostrando mucha fortaleza y serenidad”, cuenta Marcela. De inmediato la derivan al hospital de Niños para intervenir quirúrgicamente la herida.

“Le sacaron las partículas (esquirlas) de la bala y la limpiaron toda”, detalla la mamá. Y agrega: “Ahora tiene que quedarse unos cinco días para controlar que no levante infección la herida”.

Marcela es consciente de la gravedad del hecho y del riesgo de muerte corrido por su niña, y dice, resignada que se convive con la violencia en forma diaria.

“La semana pasada estaban a los tiros, es normal que pasen estas cosas acá, porque nos hemos acostumbrado, pareciera”, comenta. “Pero el único lugar donde te podrías ir a vivir es el campo… y no podemos hacerlo”, reflexiona.

Cuenta que a Camila le colocarán una prótesis porque la bala le destrozó el hueso. “Por suerte no le afectó ningún órgano vital”, dice, aunque comenta que le tuvieron que “soldar una arteria”.

En un momento, la niña confesó el temor por lo vivido. “Mamá, no voy a salir a comprar a ningún lado”, le dijo a Marcela.

La Policía comunicó al mediodía de hoy la detención de una persona de 32 años, acusada de “homicidio agravado por el uso de arma de fuego” de Videla y “lesiones graves” de la nena.

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