Más de 120 familias ocupan un terreno al lado de una laguna de retardo pluvial
Desde el sábado 25 de julio, un numeroso grupo de personas mantienen ocupado un terreno baldío por calle Río Negro al 6000 -la altura es estimada porque la nomenclatura de Google Maps corta al 5800.
El terreno con los ocupantes es una gran manzana ubicada entre medio del desarrollo inmobiliario privado Valle Cercano y el barrio ciudad Ampliación Cabildo.
La característica principal del sitio ocupado es que está en una hondura -más bajo que el nivel de la calle- y al lado de una laguna de retardo pluvial, que cuando llueve a mansalva desborda e inunda el sector.
Las primeras en ocupar el lugar fueron doce mujeres, algo así como las “doce apóstoles” de la ocupación; ya que ellas marcaron el camino y luego se sumó el resto. ¿Cuánto es el resto? Más de 120 familias.
“Esto era un espacio verde para una plaza, pero nunca pusieron una hamaca”, cuenta Soledad Cabrera, una de las primeras mujeres ocupantes.

Desde el CPC 6 de Villa El Libertador confirmaron que el terreno figura catastralmente como espacio verde y antes de ser ocupado había sido limpiado por la actual gestión municipal. La limpieza allanó el camino para la ocupación. “Y bueno, pero no podemos dejar de limpiar porque lo van a ocupar”, dijo un funcionario municipal al ser consultado.
“Antes de meternos, con las compañeras anduvimos preguntando a los vecinos a quién pertenecía y los vecinos nos contaban que los carreros lo habían agarrado para tirar la basura”, agrega Cabrera al hablar con La Décima en una visita al lugar realizada hoy jueves 30 de julio.
Los primeros ocupantes levantaron construcciones precarias de madera, plástico y chapas, dentro de la manzana, pero los que llegaron último se ubicaron en el espacio verde que bordea la laguna de retención.
Norma, una vecina de Villa El Libertador, acompañaba a su hija y nietos resistiendo al frío dentro de una carpa de tela tipo iglú. “Acá estamos, viendo qué pasa, el gobierno se tiene que ocupar de darle una vivienda digna a la gente”, dijo al reconocer al editor de este medio.

La ocupación causó zozobra en los residentes del barrio privado que viven en casas de dos plantas ubicadas enfrente de la toma. Justamente, lo que los residentes no saben es que el desarrollo inmobiliario se precipitó luego de otra vieja toma, de hace unos diez años, tras la cual se constituyó el barrio hoy llamado “Marta Juana”.
“Si vos te fijas, ya hay una sobre ocupación (en el lugar) porque es mucha la necesidad de vivienda que hay en Córdoba”, razona Gustavo Leo, dirigente de la organización partidaria Polo Obrero.
Leo cuenta que “el Polo” les brinda apoyo logístico. “Las madres tomaron solas y después nos avisaron que viniéramos a darle una ayuda y organización”, revela.
Además de esta toma, el Polo Obrero administra otra más antigüa, donde ya se ha logrado la cesión de las tierras por parte del Estado y donde ya funciona un barrio con casas de material, y otra más reciente ubicada más al fondo de Ampliación Cabildo.
“Todas las familias que están acá realmente necesitan un techo y pretendemos que esto sea un barrio de trabajadores como aquel, porque la mayoría somos gente de trabajo”, describe Leo.
Según esta nota del diario Perfil, en Córdoba el déficit habitacional afecta a casi 280 mil hogares.
“Es toda gente que trabaja en las obras que va y viene y no te da posibilidad de comprar un terreno porque hoy es imposible”, apunta Andrea Ramírez, otras de las primeras en ocupar el terreno.

La política de vivienda del gobierno provincial se limita a la entrega de lotes con infraestructura urbana subsidiado en un 30 por ciento y el resto a pagar en 180 cuotas. Los últimos lotes entregados en el marco de la pandemia del coronavirus fueron en 313 parcelas en barrio Deán Funes de la Capital.
Para ser adjudicatario de los lotes hay que salir sorteado y “demostrar” ingresos, lo que es imposible para esa franja importante de argentinos que vive en la absoluta informalidad. Por caso, el ingreso de emergencia (IFE) pagado por la Anses fue cobrado por 11,3 millones de familias argentinas.
La Policía de Córdoba vigila el sector con la intención de impedir que la gente empiece a edificar, pero no lo logra del todo porque se ve a algunos ingresando materiales para apuntalar las construcciones.
“El problema habitacional ha crecido en la cuarentena porque se ve a compañeros que no tienen dónde vivir”, agrega Leo.

La migración interna en el lugar es constante porque algunos (o muchos, no lo sabemos con precisión) tienen familiares en el sector. O viven hacinados en hogares cercanos y pretenden vivir más dignamente. O no tienen nada.
También aparecen los oportunistas de siempre que buscan hacerse de una parcela, a veces con violencia (metiendo el pecho y hasta el caño), para sacar un provecho comercial eventual, revendiéndola. Seguidores del periódico nos enviaron posteos de aventureros que ofrecerían lotes fiscales en el sector a través de las redes sociales de trueques, pero no podríamos precisar a qué toma pertenecen.
“Nos dicen negros de mierda pero muchos somos gente laburadora, no le robamos a nadie”, dice Daniel Giménez, otro de los entrevistado por La Décima. “Finalmente, si hay gente que tiene casa, todo salta cuando el gobierno depura los datos”, dice Leo.
“En el padrón figura que son 122 familias, y sabemos quién tiene y quién no tiene casa, y a los que ya tienen les decimos que se retiren”, refiere Cabrera sobre el criterio usado para erradicar a los pícaros.
Finalizando la entrevista, una agente de la Policía de Córdoba se acercó y nos pidió los nombres a todos, incluido el del editor de este medio.
“Queremos que el gobierno nos escuche y se haga cargo”, es el reclamo final de los ocupantes.
