No lloren por mí, argentinos
Por Mario Albera.
Como si las frustraciones cotidianas no fueran suficientes, un changarín entrerriano sumó la suya al mar de desilusiones argentinas.
A diferencia de otras veces en que el protagonista de la historia termina convertido en héroe y ejemplo a imitar, esta vez el personaje central de la saga terminó resultando una farsa.
José Sánchez es el changarín que declaró no solo haber encontrado 500 mil dólares dentro de un maletín en la calle, sino haberlos devuelto y haber rechazado una recompensa con el argumento de que “a mí la plata me gusta ganármela”.
La noticia la dio a conocer en forma exclusiva un medio local de Nogoyá, y tras ser replicada por TN Noticias rebotó en los medios nacionales y mundiales y se viralizó en las redes sociales.
Un sentimiento de orgullo y optimismo de que no todo está perdido porque siguen habiendo personas con valores capaces de hacer el bien sin mirar a quien, se apoderó de nosotros ante la noticia.
Un changarín, que a veces no tiene para darles un plato de comida a sus hijos, encontraba medio millón de dólares en la calle y en vez de sucumbir a la ambición o codicia por el dinero, contrariamente a lo que quizá hubiese hecho (o fantasea) la mayoría, devolvía el dinero su dueño logrando dar un ejemplo de altruismo y justicia.
Si bien el hallazgo y la devolución de semejante cantidad de dinero en un pequeño maletín sonaba inverosímil, el relato seguro de Sánchez lo hacía creíble. Sobre todo, para los medios de comunicación, más concentrados en el culebrón que en dudar y chequear los datos aportados por el changarín.
Eso que no hizo el periodismo –dudar- lo hizo un fiscal, quien cotejó cámaras y ató cabos para exponer las contradicciones y desarmar el relato del changarín, quien termina confesando que inventó todo para tener veinte segundos de fama como ciudadano ilustre que le permitiera conseguir un empleo formal.
“Porque acá siempre te prometen un salario en blanco, pero nunca te lo dan”, dijo en su defensa, aludiendo al hartazgo de vivir en la informalidad, algo que afecta al 40 por ciento de la población económicamente activa.
La patria sensiblera, ese conjunto de argentinos siempre dispuestos a conmoverse y emocionarse hasta las lágrimas con esos héroes anónimos que se hacen famosos por hacer de la regla algo excepcional –devolver plata que no es propia, ayudar a una persona en peligro- fue engañada por un changarín convertido en un embustero por necesidad.
“No me lloren que no me lo merezco”, faltó decir Sánchez, en vivo y en directo, desde el patíbulo mediático mientras se retorcía pidiendo perdón.

