Nos encanta festejar el gol con la mano
(Mario Albera) En Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, Federico Otermín ganó la elección para intendente con casi el 50 por ciento de los votos de la población.
Otermín además de ser el presidente de la Legislatura de la provincia de Buenos Aires, es el candidato de Martín Insaurralde en el distrito. Su nombre aparece vinculado con el escándalo de Chocolate Rigau, el puntero massista pescado in fraganti retirando dinero de cajeros automáticos con 48 tarjetas de débito a nombre de empleados legislativos.
Insaurralde es el intendente en uso de licencia de Lomas de Zamora y renunció a la jefatura de Gabinete de Axel Kicillof por el escándalo cuando aparece como un playboy bebiendo champagne arriba de un yate en Marbella junto a la modelo Sofía Clérici. Por este motivo, fue imputado de supuesto enriquecimiento ilícito y lavado de activos. Esta mañana, la justicia Federal secuestró mas de 600 mil dólares y objetos de alto valor en la casa de la modelo y monotributista en el country del Nordelta.
Se presuponía que este escándalo podría afectar las chances de Otermín en el distrito -e incluso de Kicillof en la gobernación-, pero erróneamente resultó todo lo contrario. El candidato y hombre de Insaurralde terminó ganando por el doble de votos respecto al segundo, Juntos por el Cambio.
Se dirá que el distrito es peronista y vota con el sentimiento, puede ser. Pero aun así, resulta irritante y exasperante la tolerancia a la obscenidad pejotista y a la impudicia estatal. El peronismo parece estar blindado a los escándalos.

El ex fiscal Luis Moreno Ocampo dedicó hace años un libro (casi un tratado) contra la corrupción El libro se llama “En defensa propia. Cómo salir de la corrupción”. Y expone como tesis que cuando en un caso de corrupción empieza a tallar la justicia es porque se ha llegado tarde para evitarlo. Es decir, los mecanismos de control del Estado no funcionaron, por negligencia o porque fueron cooptados por los corruptos.
Moreno Ocampo usaba una metáfora futbolera para graficar la corrupción: “Es como meter un gol con la mano”, decía, y ponía el ejemplo del gol de Maradona a los ingleses en el Mundial 86 celebrado por todos los argentinos pese al conocimiento de la existencia de un ilícito.
En el caso Insaurralde pasa exactamente lo mismo: nos encanta festejar un gol con la mano, lo que explica el estado psiquiátrico de una sociedad que además naturaliza tener una vicepresidenta condenada por corrupción. Pese a ello, el candidato de su mismo gobierno y fuerza política se impone en las elecciones por sus dotes como encantador de serpientes.
Ante la excusa de que la corrupción es irremediable, Moreno Ocampo insiste con ajustar en extremo los mecanismos de control estatales para restarle margen a los delitos de guante blanco. Entendiendo que la corrupción es un delito sistémico, los goles con las mano se seguirán cometiendo y celebrando. Pero la solución a la erradicación del mal, no es el estupor moral, sino la prevención estatal. Ajustarle los cerrojos a los cleptómanos incorregibles.
RESULTADO OFICIAL EN LOMAS DE ZAMORA


