La prepotencia del trabajo (Elección vecinal en Villa El Libertador – Capítulo III)
Hasta la asunción de la comisión presidida por Aldo Ortega, la sede vecinal de Villa El Libertador era naturaleza muerta. Lucía como en la foto: las puertas de acero cerradas con candado, sin vida afuera y adentro.
En la gestión de Roberto Martínez, el lugar se abría cuando la sede era alquilada para festejos privados (cumpleaños, casamientos, etcétera.) Esos ingresos no siempre quedaban asentados en los libros, según lo denunciaran miembros de esa comisión, en ese momento.
Eventualmente, también se abría para alguna reunión vecinal, pero la modalidad era el cierre permanente y los vecinos así lo atestiguaban: “¿En qué horario hay que ir? Porque yo fui hoy y ayer y siempre está cerrada”, coincidían los testimonios de entonces.

Al asumir, Ortega y compañía pusieron manos a la obra. Con la ayuda económica de un subsidio municipal, los miembros de la comisión refaccionaron la sede, interviniendo pisos, paredes, techos y pintura con mano de obra propia, y la dejaron presentable para recibir a los vecinos.
El compromiso mostrado en ese simple gesto grupal preanunciaba lo que vendría: una sede abierta a los vecinos y llena de actividades.
La sede del barrio más popular de la zona sur renacía entre las cenizas tras años de ostracismo y candados. “Le dimos vida”, afirmaban, entonces, los nuevos integrantes de la comisión a La Décima.

La primera acción de la nueva comisión fue la creación de un comedor comunitario. Arrancaron un sábado y fueron sumando días por el empuje y convicción de Ortega que conseguía algunas donaciones (públicas y privadas) y echaba mano a su bolsillo para costear la compra de los alimentos.
Hoy, el comedor recibe entre 50 y 100 comensales de martes a sábado y, como si eso no fuera suficiente, le llevan un plato de comida caliente a personas en situación de calle en la plaza San Martín todos los lunes. Aunque esto no suponga un beneficio directo a los vecinos, prestigia a una comisión fronteras afuera del barrio por el significante gesto solidario y humano.
En la actualidad, la sede vecinal es un espacio amistoso que los vecinos pueden visitar y plantear sus inquietudes, pero además capacitarse en un oficio a través de los talleres de pastelería, panadería maquillaje, arreglo de motocicletas -entre otros- que se brindan en el lugar, a punto tal que todos los días hábiles de la semana en la sede hay vecinos, satisfechos, concentrados y aprendiendo. Los cursos son auspiciados y organizados tanto por la Provincia como por la Municipalidad.
En su momento la Provincia aportó ayuda económica, esto ha sido reconocido por la comisión que devolvió el gesto invitando a los funcionarios a participar de eventos sociales (Reyes, Día del Niño, Navidad) o de algunas acciones encaradas por la comisión. Funcionarios como Leonardo Limia (Participación Comunitaria) o Marcelo Lesta (Consejo Barrial) pueden dar fe de la buena diplomacia vecinal inaugurada por Ortega.
La misma apertura se dio con los miembros del Centro Cultural o los organizadores de la Fiesta Urkupiña.
Además de una sede viva, los miembros de la comisión se caracterizaron en los dos últimos años por caminar el barrio.
En este sentido, Ortega se cargó los reclamos por servicios de los vecinos al hombro y fue incansable en la búsqueda de respuestas frente al Estado provincial y, mayormente, al municipal.
En materia de alumbrado público fue donde más se avanzó por la recepción a los reclamos de un mejor mantenimiento de la red pública. Se logró la reposición de un centenar de puestos de alumbrado caídos y se arreglaron un sinnúmero de lámparas sin funcionar.
En desmalezado y limpieza de espacios verdes, la comisión realizó un trabajo propio y apuntalado, a veces, con la logística del Surrbac. No solo se hizo mantenimiento de la plaza central del barrio (especialmente para eventos especiales como el Corso que organiza el Centro Cultural), sino que se recuperaron otros espacios verdes olvidados (plaza de El Pocito, placita de Villa María –ahora destruida por la obra de cloacas- y plaza de la Virgen)
En bacheo, se insistió ante el municipio por las calles destruidas, y se inició un plan que bacheo y reparación, que fue llevado a cabo en algunas calles cercanas a Villa María, pero luego fue incumplido por al avance de la obra domiciliaria de cloacas que convirtió en estructural el problema y de difícil solución.
Si Ortega tiene un plus que lo ha diferenciado de los que pasaron por el Centro Vecinal es la prepotencia -en un sentido positivo- de su trabajo, un reto difícil de igualar para el resto de los competidores.
“Si algo ha demostrado Aldo es el compromiso de laburo. La dinámica vecinal exige cosas como esta, estar encima de los asuntos del barrio y junto a los vecinos, y esto es envidiable en Ortega y lo hace un candidato difícil de ganar”, admite una dirigente peronista de la seccional Décima en forma reservada.
Por su parte, la oposición que busca desplazarlo en las próximas elecciones del 14 de julio, intenta asociar a Ortega con los aspectos más cuestionables del gremio que lo apoya: el Surrbac. Como lo indicó La Décima en la nota “El pasado”, capítulo II, los armadores de la Lista 10 que critican al Surrbac, hace cuatro años atrás ayudaron a su desembarco apoyando la lista de Roberto Martínez.
El argumento es “devolverle” a los vecinos el Centro Vecinal “cooptado” por Saillén y Catrambone (dirigentes gremiales), y exhibir en las redes sociales las denuncias judiciales contra el gremio de los recolectores.
Las denuncias son ciertas y graves, y las interpretaciones son libres, pero sería injusto responsabilizar o asociar a Ortega con los delitos que la justicia endilga a dirigentes encumbrados del Surrbac. Tan injusto como descalificar a un aspirante opositor porque su pareja o ex pareja purga en prisión una condena por un crimen aberrante.
El juego sucio comenzó días atrás con audios de whatsapp que asociaban a un candidato con prácticas clientelares deplorables pero vigentes, como la entrega de bolsones.
Los niños que integran la murga del Centro Vecinal y que todos los meses festejan su cumpleaños en la sede, y los vecinos que asisten al comedor, no conocen a Saillén, Catrambone, ni al gobernador ni al intendente: su referente diario es Ortega y los integrantes de la comisión.

Las otras Listas (7 y 10) han hecho circular algunas propuestas por las redes sociales, las cuales parecen salidas de un manual de buenas intenciones pero algo desprovistas de creatividad. Habrá que ver si profundizan en las próximas horas.
Una puntera del PJ escribió en su muro de Facebook que “la lista 10 tiene propuesta y está conformada por un grupo de vecinos jovene cultos con educación”.
Admite esta vieja puntera que los vecinos “que acompañen con su voto la Lista 10”, se harán acreedores de un “combo” completo compuesto de “Provincia, Municipalidad y Centro Vecinal”.
Con su mensaje, busca decir que los vecinos que voten a la 10 permitirán que un mismo partido o signo político controle esos tres espacios de poder, incluido el vecinal.








