“Villa El Libertador es un barrio especial”

Eduardo Rocha, referente comercial en el barrio.  Vino al “barrio pueblo” hace 61 años. Que dicen que es zona roja. Y qué, ¿en el Cerro no hay cosas feas? ¿En Villa Cabrera, Urca…? En una de esas,  ahí están los peligrosos”, dice.

Cuenta Eduardo Benito Rocha que vino a vivir al barrio cuando tenía cuatro años.

Vino con su padre Basilio Rocha y su madre Lidia Cassol. Vivían en una pensión del centro y gracias a “un préstamo para la vivienda en la época de Perón”, su padre compró tres lotes por calle Caracas (ex Santa María), donde hoy vive.

Cuenta que eran lotes esquina, pero concedieron correrse más atrás y dejar la parte delantera para el Bochín Club, que luego se convertiría en pista de baile. Y más luego, en el actual salón parroquial. “Yo le presté 5 mil pesos al cura de entonces para comprar el predio”, dice.

Su padre abre un almacén, pero fiaba tanto que se fundió. Así que probó con la venta de carbón y le fue mejor. “Como era hachero (don Basilio había nacido en San José de la Dormida) empezó a repartir leña y carbón a domicilio”, recuerda. “En esa época se cocinaba en brasero. Y era normal que los hijos ayudaran a sus padres. Así que yo cortaba la leña muy chica porque la gente también la usaba para el calefón y a los doce años manejaba una pick up”, relata Rocha

Al mismo tiempo, cursaba sus estudios primarios en la escuela Patricias Mendocinas y luego terminaría la secundaria en el colegio Alejandro Carbó. “Mis hijos también irían a la escuela del barrio”, aclara, orgulloso. Sus hijos son “Diego, Lucas y Bárbara”.

A la venta de carbón y leña, incorporaron la venta de gas, productos de almacén, cereales (para la cría de pollos), alfalfa para los caballos  de los barros (el vehículo más popular). “Mi papá no se dormía con un sólo rubro. Al mismo tiempo íbamos comprando chatarra, porque  antes era normal que para juntarse una moneda los chicos anduvieran juntando vidrio, papel y chapa para vender”, cuenta Rocha.

 

 

La chatarrería de “don Basilio” era famosa. Alexis Benítez, de ferretería Los Paraguayos, recuerda que “de niño yo juntaba chatarra y la llevaba a lo de doña Lidia, que tomaba mates en el patio”.

Luego de cumplir con el servicio militar, Rocha se independizó de sus padres, se casó con Gloria Indeni (que tenía un local de venta de lanas sobre avenida de Mayo) y abrió una rotisería frente a la plaza principal. Fue en la segunda mitad de la década del ochenta. Fue un negocio próspero. “Andaba muy bien, pero tuve que dejarla porque daba mucho trabajo”, dice. Fueron doce años, de comida casera y variada. “No hay rotiserías así en el barrio ya”, dice.

También probó con una fábrica de helados. Se llamaba “La Familia”. No era un negocio rentable el helado como lo es hoy. ¿Por qué? “Porque antes –explica- se acostumbraba tomar helado en verano y en invierno cerraba. Hoy se tomaba helado todo el año”.

Visionario, cuenta que antes “antes de cerrar la heladería fui comprando electrodomésticos para cuando abriera una casa de artículos del hogar porque veía que debía buscar un trabajo que pudiera manejarlo solo”. Surge así la firma Rocha, frente a la plaza.

“Mi papá vendía muebles y colchones en un local al lado y yo artículos del hogar. Lo que traía, lo vendía. Cocinas, heladeras, lavarropas… eran todos artículos económicos porque antes no había tanta tarjeta de crédito. La mayoría de las ventas eran con créditos personales”.

Fueron varios años, desde la segunda mitad de los noventa a principios del año 2000. “Luego de la salida del uno a uno, al devaluarse la moneda, fue cuando se vino el despelote porque tenía la mercadería vendida a peso fijo”, cuenta. “Me sugerían que quebrara, pero no hice quiebra y fui pagándole a todos los proveedores”.

“Perdí todo el capital, quedé en la calle, pero no ejecuté ninguna deuda de los clientes, que pagaban cómo podían. Las personas estaban sin trabajo, suspendidas, la Renault trabajaba una semana por mes, era muy triste. Si hubiese rematado casas de personas que me debían, no me lo hubiese perdonado”, dice.

Años después, su hijo Diego recuperaría la marca. “Cada tanto vengo, me gusta mirar cómo está el local y dar una mano, pero ya no quiero saber nada con los negocios”, agrega. “Aprendí que en la vida hay veces que ganas mil y gastas por mil, y si ganas 500, gastas 500 y vivís perfectamente”.

Rocha es creyente y practicante. “Para mí la fe es respeto”, dice.

Siente un orgullo especial por el barrio. “Es un barrio de excelentes personas porque nadie anda mirando qué ropa llevás puesta. Aquí cada uno hace su vida como puede porque es un barrio de gente humilde y de trabajo. A la mañana no podes tomar el colectivo porque todo el mundo va a trabajar”, ejemplifica.

“Que dicen que es zona roja. Y qué, ¿en el Cerro no hay cosas feas? ¿En Villa Cabrera, Urca…? En una de esas ahí están los peligrosos”, dice, entre sonrisas. “Amo Villa El Libertador y  su comunidad. Es un barrio pueblo, es especial, y tiene un movimiento económico fenomenal. Si no, mirá las colas que se arman en el cajero”.

 

One thought on ““Villa El Libertador es un barrio especial”

  • 13 octubre, 2018 at 12:48 pm
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    Familia maravillosa. Mi padre era cliente de Rocha hogar compro cada mueble y electrodomésticos de nuestro hogar en sus tiendas.
    Siempre el respeto al cliente, la palabra era la garantía más fiel( hoy no existe eso).
    Recuerdo un comentario de mi padre, que decia.
    Rocha hijo va a cobrar a la casa de sus deudores y cuand llega y ve que la gente realmente no puede pagar, se va y no les cobra.
    Siempre resaltaron mis padres, la calidad humana de los Rocha.
    Digna gente del barrio, de quienes no soy amiga ni mucho menos, pero siempre existe un gran respeto en mí, por las anécdotas como estás que relatara mi padre.

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